No ser infierno
Voy a ir directo y al grano. Esta historia tiene en realidad un final trágico, pero me dejó belleza en el camino.
Últimamente salgo en búsqueda de un lugar que pueda ser mi nuevo café favorito, (soy una persona de rituales fuertes que cuando encuentra un lugar se vuelve fiel en niveles indecibles y cuando algo pasa, verdaderamente le cuesta perderlo) y bueno, creí que lo había encontrado, hasta que no.
Perdí una vez más el que pensé sería mi nuevo café favorito, más lo cierto es que lo llamé mi “café favorito” demasiado pronto. Doble lección.
El punto es que por alguna razón que no vale la pena traer a este espacio, durante una serie de eventos producto de haber llegado a ese lugar, alguien me dirigió este texto:
“Bárbara,
...el infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquél que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio...”
La cita es del libro “Las Ciudades Invisibles” de Italo Calvino.
Me pareció bellísimo.
Corren tiempo difíciles en el mundo que parece pendular con fuerza hacia ideologías retrógradas, conservadoras, neofascistas. Sin embargo, en un par de días es mi cumpleaños y esta cita ha guiado absolutamente todas las decisiones que he tomado sobre lo que quiero, estar en los lugares y con las personas que reconozco y sé, porque me lo han demostrado, que en medio del infierno, no son infierno, hacerlas durar y darles espacio.
Vincularnos desde la ternura.
Y no ser infierno.
|Bárbara.



Precisamente ayer de madrugada leí ese fragmento, me impactó… tanto que lo puse en mis redes sociales. Me gusta tu lectura sobre el.
Me gusta encontrarme personas en mi universo. Me gustan las casualidades que siempre, siempre, son señales.